Vivir en el número 7, calle de La Abadía (del Crimen)

Edgar Cabrera
By Edgar Cabrera enero 30, 2013 10:00

Vivir en el número 7, calle de La Abadía (del Crimen)

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Es la comidilla de los círculos de videojuegos de nuestro país durante esta semana: una iniciativa en internet está recolectando firmas para que el Ayuntamiento de Avilés, ciudad natal de Paco Menéndez, le dedique una calle al creador de La Abadía del Crimen.

Ya hemos dado suficiente la matraca en los últimos meses con el 25 aniversario de La Abadía del Crimen, lo flipante que nos parece y lo necesario que es reivindicarla como obra magna de la Edad de Oro del software español. El hecho noticiable en esta colecta online es otro bien distinto: llevar al videojuego al centro del debate cultural para que las instituciones se mojen de una vez por todas y le reconozcan el cada vez mayor peso que tiene en la sociedad.

Calle Mario Bros

De hecho, el Ayuntamiento de Avilés ya tiene un precedente en esto de nombrar calles con motivos de videojuegos. Zaragoza, a finales de 2010, le dedicó una Avenida a Super Mario. Pero de hacerse realidad la petición popular, el consistorio avilesino sería el primero en hacerle un homenaje a los pioneros del videojuego en España.

La iniciativa parte de Asturias RetroGames, la vertiente dedicada al videojuego de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Avilés que espera celebrar en 2013 su primera edición y se vale de una carta escrita por José Manuel Braña Álvarez en La Voz de Avilés en agosto de 2010 para solicitar al Ayuntamiento que Menéndez tuviera su nombre inscrito en una de las calles de la ciudad.

La oportunidad parece que ni pintada y de hecho el propio centro Niemeyer, según me cuenta Braña, quiere tantear a Juan Delcán, grafista del título, para hacer una exposición retrospectiva sobre su obra. Delcán sólo trabajó en un videojuego en toda su carrera, y vaya videojuego, y abandonó la carrera de arquitectura que estudiaba para dedicarse a la publicidad. Delcán, el gran tapado del juego, ha cosechado premios a lo largo de su carrera en citas tan prestigiosas como Cannes, que además de albergar el festival de cine, también tiene un certamen dedicado a la publicidad.

Pero no nos vayamos por las ramas. Porque si a todo este embolado que se ha creado con la petición le sumamos la concesión del Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades a Shigeru Miyamoto en 2012, la dinámica parece la adecuada para que, desde Avilés, se dé otro empujón institucional al fomento del videojuego en nuestro país. De tener que escoger una, la figura de Menéndez reúne muchos puntos a favor.

Paco Menéndez, en una imagen de 1989 frente a La Abadía del Crimen

Avilesino de nacimiento, Menéndez se trasladó a Madrid después de un fugaz paso por Barcelona donde coincidió, por arte de magia, con un grupo de amigos en la llamada Ciudad de los Periodistas de Madrid que, con los años, desarrollaron una pasión especial por el videojuego. Tanto, que crearon uno de los primeros juegos hechos en nuestro país (Fred) y su estudio, Made in Spain, quedó ligado para siempre a la Edad de Oro del software español.

Pero Menéndez nunca fue un apasionado del aspecto empresarial de la creación de videojuegos y decidió abandonar Made in Spain después de Sir Fred, su segundo juego, para emprender carrera en solitario. Una carrera que sólo deparó un juego más: La Abadía del Crimen. La traslación de la obra de Umberto Eco (El Nombre de la Rosa) al videojuego se considera uno de los mejores videojuegos creados en nuestro país.

Desde entonces, Menéndez no fue capaz de crear ningún otro videojuego. “Cuando creas un juego tan bueno como La Abadía del Crimen… Eso te marca de por vida”, me comentó un día José Antonio Morales, compañero de Menéndez en Opera Soft y creador de Livingstone, Supongo. Y así fue, Menéndez abandonó defintivamente la creación de videojuegos. Se pasó a la industria privada y, en los últimos noventa, intentó poner en marcha un proyecto para desarrollar una pieza de ingeniera a la que le iba detrás desde hacía un tiempo. El proyecto no llegó a salir adelante y, después de encadenar varias depresiones, Menéndez decidió quitarse la vida en Sevilla, en 1999.

La Abadía del Crimen

Su temprana desaparición, unida a lo brillante de su trabajo —“cuando programaba era como un virtuoso al piano, se sentaba y lo hacía todo de memoria”, me explicó una vez Juan Delcán— hacen necesario que Menéndez, o su obra, recojan algún día aunque sea a título póstumo un reconocimiento por su labor en la difusión del videojuego en nuestro país.

Pero repito que el fin de toda esta petición no es tanto el reconocimiento a La Abadía del Crimen y a Paco Menéndez (que también) sino la normalización del videojuego como agente cultural en nuestra sociedad. Que el MoMA vaya a instaurar una exposición permanente de videojuegos clásicos que han forjado la cultura contemporánea es otra buena muestra de que el videojuego, y más el clásico, es un buen instrumento para explicar la cultura en la que vivimos hoy en día. 

Además, según me han comentado fuentes cercanas a la petición, a la familia de Menéndez ya se le ha tanteado desde hace tiempo por si surgiera la oportunidad de rendirle un homenaje ya fuera desde el consistorio o desde algún otro grupo vinculado con la ciudad. La respuesta ha sido más que afirmativa.

Solo me asalta una duda… ¿habrá toque de queda nocturno de hacerse realidad la propuesta? ¿Pondrá el Ayuntamiento de Avilés un abad para vigilar a sus vecinos? 

Edgar Cabrera
By Edgar Cabrera enero 30, 2013 10:00