Las consolas miran al abismo

Las consolas miran al abismo

Leo en un artículo en Kotaku el enésimo certificado de la muerte de las consolas tal y como las conocemos hoy en día. Aunque parece más que claro que el modelo debe cambiar (y va a cambiar) dudo que desaparezca.

El texto viene firmado por un developer que ha estado en los dos frentes de batalla: ha desarrollado para las grandes consolas durante un tiempo y se ha pasado al lado del videojuego móvil porque cree firmemente que es hacia donde se dirige el videojuego y donde el dinero va a estar en los próximos años.

Y lo hace con una serie de aseveraciones, algunas basadas en datos; otras en percepciones, que dejan poco lugar a la duda: el modelo de consola actual se muere y lo hace por unos gastos de desarrollo desorbitados que obligan a las grandes del sector a vivir rodeadas de pérdidas. Puede que haya llegado el momento de girar las tornas y volver a un pasado porque, en mi humilde opinión, el nicho de las consolas de sobremesa ni está muerto ni va a morir a corto plazo. Pero también está más que claro que sus mejores tiempos han pasado.

De la misma manera que el PC ha sobrevivido a una travesía del desierto pre-Steam en la que todo medio sobre la faz de la tierra auguró su muerte, la consola tendrá que pasar por un proceso similar. Un proceso que demostrará, eso sí, que en su base de usuarios hay un nicho de consumidores dispuestos a morir por ese modelo de negocio: pagar una importante suma de dinero por un hardware preparado para el videojuego y al que no haya que modificar ningún componente.

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De la misma manera que hay jugones que necesitan tener el control sobre sus herramientas, hay otro grupo que no quiere saber nada de especificaciones técnicas ni de componentes. Esos nichos han estado, están y estarán ahí. Y mientras haya nicho, habrá negocio.

Otro tema es que el modelo actual de consolas no sea sostenible porque los gastos en I+D se están volviendo disparatadamente elevados. Lo demuestra el cambio generacional que hemos vivido en este último ciclo, en el que posiblemente haya sido una de las revoluciones más importantes desde la llegada de las 3D con Nintendo 64, Saturn y PlayStation y que, no hace falta ser muy inteligente, ha tenido que suponer unos costes difícilmente asumibles.

Vivimos obsesionados con el progreso tecnológico cuanto antes y se nos olvida que, por ejemplo, de la primera NES hasta la Super Nintendo pasaron siete años. Los mismos que ahora mismo lleva Xbox 360 en el candelero. Y mientras la Super Nintendo sólo supuso cambios en potencia, o en la paleta de colores, hoy en día las grandes andan enfrascadas en demasiados frentes: que si 3D, que si captura de movimientos, que si juego social, que si tabletas, que si tecnología cross-play…

Puede que llegue el momento de rebajar la inversión en I+D. Puede que llegue el momento de que la consola vuelva a ocupar el lugar que ocupaba hace veinte años, cuando un juego superventas colocaba un par de millones de unidades en las estanterías de todo el mundo y la industria funcionaba como un reloj. El jugador casual ha llegado para quedarse y, muy probablemente, el juego móvil sea su destino final. La consola tiene un reto por delante si no quiere desaparecer: reencontrar a su público y rebajar sus expectativas.

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